Editorial Luis Vives

REGINO BOROBIO OJEDA y JOSÉ BOROBIO OJEDA. 1940. FERNANDO EL CATÓLICO, 63

En 1940 el Ayuntamiento de Zaragoza abrió un procedimiento para la adjudicación de unos terrenos de su propiedad en el Campo de la Victoria, junto al paseo de Fernando el Católico y el puente de acceso al “Parque Grande”. Como resultado del proceso, los mismos fueron adjudicados a los Hermanos Maristas quienes levantaron en el solar las instalaciones de su editorial de libros escolares “Luis Vives” y, más adelante, una residencia para sus miembros. Del proyecto para la construcción se encargaron Regino y José Borobio Ojeda.

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La nave para la producción de libros, la pieza realmente “industrial” del conjunto, tenía una planta rectangular -75 por 25 metros-, dispuesta de manera perpendicular hacia el paseo de Fernando el Católico. Era rotunda, con cubierta, planta y disposición “basilical” por el tratamiento en altura, rompiendo, por tanto, con otros planteamientos más habituales como el de las naves en disposición de dientes de sierra. La iluminación se lograba tanto por los elegantes y verticales vanos que rasgaban los muros, como por las pequeñas ventanas que aprovechaban la disposición en altura del cuerpo central.

La propuesta no dejaba de ser atractiva por cuanto pretendía aunar, en una solución relativamente original, los valores dominantes en la arquitectura de la autarquía franquista con resabios de lo que fue el funcionalismo dominante en los años anteriores a la guerra civil.

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Con el paso del tiempo, la editorial “Luis Vives” iría completando sus instalaciones más allá de la parte industrial. Se añadirían varios cuerpos de edificación más, que culminarían con una curiosa torre de 45 metros de altura situada en el lado más próximo al paseo y en uno de los ángulos formados por el conjunto constructivo. Por su situación, no dejaba de ser un contrapunto o respuesta a la torre de la “Feria de Muestras” que los mismos autores habían levantado a pocos metros de distancia algunos años antes.

Ahora, la arquitectura es algo más sobria y con toques de contenido clasicismo (como el vano del cuerpo del remate) frente al aire más regionalista de la “Feria de Muestras”. De hecho, parece como si la ausencia de chapitel o pináculo en el caso de la editorial evidenciara un deseo de concordar, que no de competir, con la torre de la “Feria”.

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