Cine Dorado

SANTIAGO LAGUNAS MAYANDÍA. 1949. PASEO DE LA INDEPENDENCIA, 14

En el verano de 1949 el viejo cine “Doré”, ahora castellanizado como “Dorado” por el rechazo del régimen político dominante hacia lo extranjero, sufrió una profunda remodelación que afectó a parte de su estructura y al conjunto de su decoración. Del trabajo arquitectónico se encargó Santiago Lagunas Mayandía, con la colaboración en lo ornamental de Fermín Aguayo y Eloy Giménez Laguardia.

La reapertura al público, completamente remozado, tuvo lugar el 14 de septiembre de 1949.

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La reforma

La reforma del cine “Dorado”, situado en el número 14 del paseo de la Independencia, consistió en la apertura de un nuevo acceso posterior, la eliminación de los palcos, la construcción de un nuevo anfiteatro, la redistribución de los vestíbulos, la renovación de los equipos técnicos de iluminación, ventilación y sonido, y la redecoración completa del local. Tras la obra, el “Dorado” obtuvo un aforo total de 1.310 espectadores, de los cuales 441 se acomodaban en el amplio anfiteatro.

Lo que más llamó la atención desde el momento de su inauguración fue, precisamente, la decoración. Santiago Lagunas, Fermín Aguayo y Eloy Giménez habían fundado en 1947 el “Grupo Pórtico”, pionero en España en la recuperación de la pintura abstracta tras la guerra civil. Coherentes con sus planteamientos estéticos, en la ornamentación del cine “Dorado” llevaron a todas sus dependencias las formas coloristas y abstractas de sus lienzos.

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El resultado disgustó a muchos, agradó a algunos y sorprendió a todos. Si la intención de los propietarios de la sala, la “Empresa Quintana SA”, era revitalizar el interés del público por un cine que estaba en decadencia, lo logró de pleno.

Manifiesto de vanguardia

La reforma del “Dorado” fue algo más que un trabajo de redecoración de una sala de cine. Constituyó un manifiesto, una apuesta por la modernidad artística en una ciudad que todavía seguía sumida en el ambiente gris de la posguerra y parecía conformarse con ello. Los miembros del “Grupo Pórtico”, y teóricos como el profesor universitario y crítico (no sólo de arte sino también de cine) como Federico Torralba, formaban parte de una minoría cultural zaragozana que apostaba por el arte de vanguardia frente a las caducas fórmulas dominantes.

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Su esfuerzo y la incomprensión que recibieron desde ciertos sectores no resultaron inútiles. La construcción de obras tan emblemáticas de los años 50 como el teatro “Fleta” o el cine “Palafox” (por citar sólo casos vinculados a esta tipología) sólo pueden entenderse a partir de trabajos pioneros como el del cine “Dorado”.

También hubo actitudes de comprensión hacia esta actuación. Así, en la “Revista Nacional de Arquitectura” nº 95 de 1949 se puede leer en un artículo sobre la reforma del “Dorado”: “En un momento en que empieza a ser unánimemente sentida la necesidad de abandonar los caminos cómodamente adoquinados con tópicos y recetas, donde el respeto a los modos tradicionales se confunde con la degradación de los modos tradicionales, es importante que todos tengamos el valor de crear con originalidad, sin importarnos demasiado las críticas ajenas.”

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En una línea similar, aunque matizada, se inscribe la crítica que J.R.A., realiza en el diario “Amanecer” de Zaragoza al día siguiente de la inauguración del Dorado. Dice, entre otras cosas: “El señor Lagunas ha tenido un gesto valiente, audaz, original. Sólo por ello, ya se ha hecho acreedor de nuestra simpatía (…).

Por lo que a nosotros respecta, este primer ensayo llevado a cabo en España de incorporar a la decoración arquitectónica las inquietudes, las corrientes, los modos y hasta las modas artísticas modernas, nos ha agradado.”

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El público en general pudo recibir con cierta sorpresa la atrevida y colorista decoración del “Dorado” pero, como se puede comprobar, la postura general tiende a la comprensión y a entender que era necesario conectar de nuevo con la modernidad más que a un rechazo absoluto. Por desgracia, los cines suelen ser locales de vida efímera y el “Dorado”, como tantas otras salas de cualquier ciudad española, pronto sufriría otras remodelaciones antes de cerrar definitivamente.

(Fotografías: Revista Nacional de Arquitectura, nº 49, Gerardo Sancho Ramo y Museo Nacional de Arte Reina Sofía)

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