Puente de la Almozara

JAVIER MANTEROLA ARMISEN. 1983. PLAZA DE EUROPA / VALLE DE BROTO

La necesidad de construir un puente nuevo a la altura del barrio de la Almozara se remonta al “Plan Larrodera” de 1968. Sin embargo, sería la puesta en marcha del ACTUR, con la previsión de viviendas para más de 100.000 personas, la que haría totalmente imprescindible su construcción.

En 1983 se celebró un concurso de proyectos en el que se planteaba una doble opción: construir un puente totalmente nuevo o reaprovechar el antiguo del ferrocarril ya en desuso. La propuesta ganadora se decantaba por esta segunda opción.

El encargado del proyecto fue el ingeniero Javier Manterola Armisén y la empresa adjudicataria “Huarte SA.

El nuevo puente presentaba una gran diferencia respecto a los tres anteriores (el de “Piedra”, “Hierro” y de “Santiago”) puesto que, conceptualmente, no se trataba tanto de “cruzar” el río Ebro para dar salida a la ciudad de Zaragoza, cuanto de incorporar a sus nuevos habitantes y permitirles una comunicación más fácil con la ciudad consolidada. El Ebro dejaba de ser una barrera para convertirse en un elemento más del paisaje urbano.

El puente de la “Almozara” constituiría el punto de unión entre la plaza de Europa y la calle Valle de Broto para, a su vez por la calle Marqués de la Cadena, enlazar con el futuro puente de la “Unión”.

Un puente híbrido

Javier Manterola reaprovechó para el nuevo puente la viga central en U del puente ferroviario, así como las antiguas pilas. La viga central fue utilizada inicialmente como galería de servicios que incluía una tubería de agua con destino al barrio del ACTUR. Esta galería se cubrió con una bóveda acristalada que -ya en el siglo XXI- sería sustituida por un andador y carril bici.

Para darle más anchura y permitir que el puente tuviera tres carriles de circulación en cada sentido, Manterola añadió a cada uno de los lados de la viga central tableros prefabricados de vigas de hormigón. En el proceso fue necesario, además, elevar el conjunto sobre su primitivo apoyo en las pilas a fin de adecuarse a las normas de seguridad vigentes en aquel momento.

Una vez finalizado el puente, y en pago a su carácter urbano, se le añadieron una escultura alusiva al cierzo, obra de Andreu Alfaro y una antigua locomotora en referencia a su pasado uso ferroviario.

Desde el punto de vista constructivo, el puente de la “Almozara” no deja de ser un híbrido entre la obra de Eduardo Torroja (pilas y galería central) y la aportación de Javier Manterola (tableros laterales), lo cual no le resta valor como ejemplo de puente funcional y, sobre todo, clave para entender el desarrollo y la conformación de la Zaragoza de finales del siglo XX.

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