Casa Ansotana y Casa de Abarracín

ALEJANDRO ALLANEGUI FÉLEZ. 1955. PARQUE GRANDE JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Los antecedentes de la construcción de estos edificios destinados a museos en el Parque de “José Antonio Labordeta” se remontan a 1947. Aquel año, Antonio Beltrán Martínez, director del Museo Provincial de Bellas Artes plantea en la Institución Fernando el Católico la idea de construir un “Museo Folclórico” que englobara etnografía y artes populares.

(Casa Ansotana)

En principio se optó por un conjunto de cuatro edificios independientes: el de inspiración pirenaica albergaría el museo de “Etnología”, el de las tierras de Albarracín acogería al de “Ciencias Naturales”, el del valle del Ebro para “Cerámica” y un cuarto, sin especificar su forma, para “Geología, Tierras y Gentes”.

En 1955, el proyecto tomó forma definitiva y un año más tarde se realizaron los diseños arquitectónicos. El primer edificio proyectado fue la denominada “Casa Ansotana”, destinada a acoger la colección de Etnología con fondos mayoritariamente provenientes de la familia Cativiela. El segundo fue el de la “Casa de las tierras de Albarracín”, que originalmente albergó la colección de Ciencias Naturales pero que luego pasaría a ser un museo de cerámica aragonesa.

(Casa Ansotana)

Los edificios fueron inaugurados, respectivamente, el 2 de marzo y el 25 de noviembre de 1956. El resto del complejo constructivo nunca llegó a realizarse.

Los diseños de Alejandro Allanegui

La idea del “Museo Folclórico”, tanto en su diseño inicial más ambicioso, como en la materialización final de sus dos “casas”, obra de Alejandro Allanegui.

El arquitecto sigue la propuesta de los promotores del museo para utilizar directamente el modelo de la arquitectura popular en las construcciones. Entre los antecedentes manejados destacan el “Pueblo Español” de la exposición de Barcelona en 1929 y, sobre todo, el “Museo Satului” del “Parque Herastrau” de Bucarest.

(Casa de Abarracín)

Pero en el caso zaragozano no se trató de replicar edificios concretos sino de recrear un modelo a partir de la suma de elementos arquitectónicos característicos de una determinada zona. Así, por ejemplo, en la “Casa Ansotana” se reproducen detalles de construcciones del valle de Ansó en la fachada oeste, del valle de Benasque en la este y de la Sierra de Guara al sur.

Interiormente, ambos museos adoptan así mismo la fisonomía doméstica a la que se incorporan los fondos etnográficos a modo de reproducción de la vida cotidiana.

(Casa de Abarracín)

Aunque la propuesta constructiva de las casas museo del parque es muy específica dentro de la arquitectura museística, es importante valorarlas en el contexto de una incipiente recuperación del interés por el patrimonio local. En esta línea se inscribe también la restauración del “Arco del Deán”, llevada a cabo en la misma época por Teodoro Ríos Balaguer y Teodoro Ríos Usón.

En el último cuarto del siglo XX un buen número de edificios históricos se recuperarán para darles usos tales como museo o archivo, siguiendo la corriente de identificación entre arquitectura histórica y finalidad cultural.

(Fotografias: Patrimonio Cultural de Aragón)

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