Gasolineras

Las primeras gasolineras

Hasta los años 20 los automóviles constituyen una rareza en las calles zaragozanas. Los pocos que circulan por la ciudad repostan gasolina en los mismos garajes y talleres donde son mimados como el artículo de lujo que son. Tímidamente, a partir de la segunda mitad de la década, los automóviles empiezan a estar al alcance de las clases medias altas y profesionales liberales, y aparece así la necesidad de crear una red de estaciones de repostaje que dé una mayor autonomía a los automovilistas.

En un primer momento son simplemente surtidores situados en el exterior de otros negocios, relacionados o no con el mundo del automóvil. El primero de ellos fue el instalado por Zoilo Ríos Gracia junto a la tienda de ultramarinos de su padre en el Portazgo de San Lamberto. Era el año 1927. Otro ejemplo de este tipo de instalaciones es el surtidor que se situó en la esquina entre el paseo de Sagasta y el camino de las Torres, junto a un taller y establecimiento de venta de automóviles en los bajos de la Casa Faci.

Gasolinera de Zoilo Ríos en el Portazgo de San Lamberto

Una evolución temporalmente interrumpida

En los años 20 comienzan a construirse las primeras estaciones de servicio y gasolineras. Vinculadas a un objeto icono de la modernidad como era el automóvil, su diseño apuesta por las formas vanguardistas. Así ocurrirá en la emblemática gasolinera “Porto Pi” de Casto Fernández-Shaw de la calle Alberto Aguilera de Madrid, una construcción clave del Racionalismo español.

En Zaragoza, Regino Borobio proyectará en 1932 una gasolinera, en una linea también muy avanzada, para el cruce entre la Gran Vía y Sagasta, que no llegará a construirse.

Proyecto de Regino Borobio Ojeda para una gasolinera en la Gran Vía / Sagasta

La guerra civil y las penurias de la inmediata posguerra supusieron una brusca interrupción en la evolución del automóvil en España y en la construcciones de estaciones de servicio y gasolineras.

El panorama iba a cambiar radicalmente en los años 50. La mejora económica y el optimismo consumista de la posguerra mundial convertirán al automóvil en un símbolo de prosperidad al alcance de buena parte de la población. Como consecuencia, pronto surgirían un buen número de instalaciones que incluían gasolinera, taller y estación de servicio. Y si el automóvil era el icono de la modernidad, este tipo de instalaciones debían ofrecer una imagen que estuviera a su misma altura.

Estética luminosa y optimista

Formalmente, las gasolineras de los años 50 evocan a las construcciones americanas de la posguerra mundial. Hay en ellas una estética luminosa y optimista ligada al automóvil y al consumo. Un símbolo en la ciudad es, en este sentido, la gasolinera “El Portazgo”, construida junto al futuro “poblado americano” el mismo año de la firma de los tratados de amistad y cooperación con los Estados Unidos, 1953.

Estación de servicio El Portazgo

Durante los años 50 y 60 las estaciones de servicio mantienen un carácter llamativo e individualizador que las convierte en referencia obligada en los desplazamientos por carretera. Son arquitecturas aparentemente menores pero que poseen una fuerte presencia urbana y un sólido emplazamiento en el entorno.

Estación de servicio de Nuestra Señora del Pilar en el paseo de Echegaray y Caballero

La necesidad de una rápida y fácil identificación aconseja una imagen atractiva, moderna y de espacio privilegiado. Aunque en muchos casos se trate de obras anónimas, son un símbolo de una época desarrollista y modernizadora: amplias marquesinas, airosas estructuras, uso de materiales innovadores y riqueza cromática con un aire “internacional” con el que sólo competían en aquellos años las grandes salas cinematográficas y las cafeterías de moda.

Estación de servicio Rausan en el barrio de Santa Isabel, carretera de Barcelona

De hecho, en la práctica, algunas de estas áreas de servicio no eran simplemente un lugar donde repostar combustible sino que llegaban a convertirse en destino de pequeñas salidas familiares para tomar un refresco en el bar con el que solían completar sus instalaciones.

Los Enlaces

Si existe una estación de servicio que sea símbolo de este tipo de construcciones en la Zaragoza de mediados del siglo XX, esa es la de “Los Enlaces”, proyectada por José de Yarza García en 1960. De hecho, su importancia es tal que desborda los límites tipológicos para convertirse en una obra clave de todo el conjunto de la arquitectura local del siglo.

En principio, la estación de “Los Enlaces” responde perfectamente a la tipología y estética de otras estaciones de servicio de la época: la gasolinera, un bar-restaurante de aire moderno y funcional y todo ello remarcando la voluntad de una arquitectura que rompiera con el pasado y se acercara a lo internacional. Pero lo que confiere un valor excepcional a Los Enlaces es la incorporación de un gran espacio cubierto destinado a taller y garaje de vehículos de variado volumen, incluyendo los grandes transportes.

José de Yarza García, Estación de servicio Los Enlaces, vía de la Hispanidad, 1960

La pieza, concebida como un gran umbráculo, es un ejercicio de diseño excepcional, de aparente sencillez pero que incorpora soluciones formales y materiales realmente innovadoras en su momento.

Desde el punto de vista estrictamente tipológico, “Los Enlaces” vienen a suponer un ejemplo de culminación en la evolución que llevó desde los sencillos surtidores de combustible a la puerta de un establecimiento comercial, a los complejos que, además de la gasolina para los vehículos, ofrecían servicios de mantenimiento, garaje y bar-restaurante.

Hacia la estandarización del diseño

Los años 70 y 80 suponen la generalización del automóvil como artículo de consumo familiar. Empieza a mejorarse el firme y el trazado de las principales carreteras y los viajes en coche pierden el carácter casi aventurero de décadas anteriores.

Gasolinera de Casablanca en 1969

Las estaciones de servicio y gasolineras se multiplican y van cediendo en su singularidad en favor de una funcionalidad cada vez más marcada. El diseño cuidado y único pierde terreno en favor de la estandarización, las marquesinas sobre estructuras de hormigón dejan paso a otras más ligeras apoyadas en pilares metálicos. La privatización de la distribución de hidrocarburos en los años 80 conlleva la aparición de nuevas compañías, como “Repsol”, “Cepsa”, BP u otras. A partir de entonces se impone la “imagen de marca” que buscará homogeneizar sus instalaciones en toda España a partir de diseños únicos y seriados.

En Zaragoza sólo podrá destacarse una excepción que apuesta por el diseño y la singularidad. Se trata de la estación de servicio situada en el número 12 del paseo de la Mina proyectado en 1988 por Regino Borobio Navarro y Elías del Pino Giménez. Los motivos de excepcionalidad se justifican tanto por su ubicación en el interior de la trama urbana como, sobre todo, por su relación con un concesionario de automóviles Renault que impone la necesidad de una presencia visual más rotunda que si se tratara, simplemente, de una gasolinera.

En su diseño destaca la doble marquesina de trazo curvo que resuelve el ángulo del trazo diario de una manera sutil y rotunda a la vez. El acabado pulido y suave hace de esta obra un buen ejemplo de la arquitectura industrial, entendida en el más amplio sentido del término, de las últimas décadas del siglo XX.

Estación de servicio del paseo de la Mina, 12

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