Lagasca, 5

FRANCISCO ALBIÑANA CORRALÉ. 1912. LAGASCA, 5

El edifico para la calle de Lagasca nº 5, esquinero a la de Gil de Jasa, fue proyectado por Francisco Albiñana para Nicomedes Felipe entre noviembre de 1912 y agosto de 1913.

Era un edificio de viviendas de tres plantas con semisótano. En cada una de ellas se situaba una amplísima vivienda de gran confort para su época. Constaban de seis habitaciones, comedor, cocina y, lo que era muy novedoso para el momento, cuarto de baño. En la planta calle, el arquitecto dispuso una cochera.

El edificio se levantó en una de las calles laterales del paseo de Sagasta, una vía urbana que concentraría durante las primeras décadas del siglo XX buena parte de la mejor arquitectura  zaragozana de la época vinculada, sobre todo, a la burguesía más acomodada. En este caso concreto, el edificio se ubicó en una de las calles perpendiculares al paseo que, en aquel momento, tenían la consideración de “calles particulares”.

Este diseño original sería modificado por el propio Francisco Albiañana en 1922 añadiéndole una cuarta altura y modificando parcialmente los vanos, sobre todo sustituyendo gran parte de la forja original de la fachada a la calle de Lagasca por trabajo de obra.

La fachada más interesante es la que da hacia la calle de Lagasca. En su diseño original, destaca la solidez competitiva y de los elementos que la forman. Consta de una división tripartita tanto en altura, con un tratamiento diferenciado en cada piso, como en la disposición lateral de los vanos.

En el cuerpo central, de abajo hacía arriba, se encontraban los vanos rebajados del semisótano abiertos en el zócalo de piedra, unas ventanas pareadas, el gran mirador de forja ya señalado y el remate, abierto en arco tripartito y con un arco rebajado que rompía la cornisa.

En los cuerpos laterales, sendas puertas, con la derecha dividida entre la puerta propiamente dicha y una ventana correspondiente a una estancia interior. Sobre ellas dos balcones pareados y como remate dos ventanas que rompen de nuevo la cornisa como ocurría en el cuerpo central.

Los elementos ornamentales son de gran reciedumbre como se aprecia en las ménsulas sobre las que apoya el mirador, los capiteles de algunas de los vanos y, en general, todo el resalte de los guarnecidos puertas y ventanas.

Formalmente el edificio se inscribe en la inspiración vienesa muy del gusto de Francisco Albiñana en sus primeros años de su ejercicio profesional. La Sezession austriaca se presentaba para jóvenes arquitectos como él como una vía de superación del lenguaje modernista que ya se podía dar por agotado.

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