Independencia, 29

TEODORO RÍOS BALAGUER. 1930. INDEPENDENCIA, 29

En enero de 1930, don Antonio Mompeón Motos presentó a la aprobación del Ayuntamiento de Zaragoza el proyecto para la construcción de un inmueble en el número 29 del paseo de la Independencia. Hacía la solicitud en su condición de consejero delegado de la Sociedad Anónima Heraldo de Aragón, puesto que el edificio había de ser la nueva sede del citado periódico en sustitución de la anterior, sita en el número 74 del Coso.

El edificio, con un doble programa como sede del Heraldo de Aragón y edificio de viviendas, es esquinero, con su fachada principal hacia el paseo de la Independencia y la lateral hacia la muy estrecha calle del Cardenal García Gil. Aunque las fachadas tienen un tratamiento muy similar, la angostura de la calle lateral hace que pierda en relevancia con respecto a la del paseo.

El lado de los impares del paseo de la Independencia seguía en la fecha de proyecto de la sede de Heraldo de Aragón aún sin configurar definitivamente con los característicos porches. Apenas cuatro años antes del proyecto de Teodoro Ríos se habían comenzado a construir las de la Compañía Telefónica y Correos, a tan solo unos metros de distancia. Los tres edificios resultarían claves, de hecho, en la consolidación formal del paseo también en esta vertiente.

Si Correos hace una apuesta por el historicismo y la Compañía Telefónica por una arquitectura más moderna e internacional, Heraldo de Aragón tendría un carácter más clasicista y ecléctico. Aunque sus proporciones son contenidas, el aspecto del edificio es recio y rotundo.

El edificio presenta cinco plantas alzadas sobre los porches del paseo. En el nivel inferior se situaban las instalaciones del periódico, mientras que las viviendas ocupaban las superiores. Las fachadas presentan la tradicional composición tripartita en la que los porches actuarían como basamento, las cuatro primeras plantas serían el cuerpo y el nivel superior, claramente diferenciado y más ligero, representaría el ático.

El ángulo del inmueble se resuelve en un mirador sobresaliente y curvado que se remata con un torreoncillo a modo de belvedere cubierto por un alero muy volado.

Para dotar del mayor empaque al edificio, el arquitecto prescinde completamente del ladrillo a cara vista y opta por el uso de la piedra y el enlucido suavemente bícromo.

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