Ponzano, 18

MARCELINO SECURUN ORGA. 1924. PONZANO, 18 / PASEO DE PAMPLONA

El proyecto inicial de este edificio de viviendas propiedad de Virtudes Gallardo fue firmado por Marcelino Securun en 1924. Unos meses más tarde, ya en 1925, se presentó a la aprobación del Ayuntamiento de Zaragoza una ampliación consistente en el aumento de una planta de viviendas más.

El edificio se levanta en el ángulo entre el paseo de Pamplona y la calle de Ponciano Ponzano en la que se sitúa el acceso. En altura, el edificio constaba originalmente de dos sótanos, baja y cuatro plantas de pisos. Ya en los años 80, el edificio fue rehabilitado y se le añadieron otros dos pisos más, uno de ellos abuhardillado.

El inmueble posee un empaque manifiesto que le viene conferido por la acertada composición y por el adecuado uso de los elementos ornamentales. Éstos siguen un repertorio calificable de neobarroco muy característico de la arquitectura de mediados de la década de los 20. En aquel momento el gusto dominante era el de las formas clasicistas, monumentalistas y enfáticas.

La fachada está resuelta mediante enlucido y piedra artificial, lo que potencia su prestancia. Originalmente, la disposición en altura se basaba en una composición tripartita que diferenciaba claramente un basamento en la planta calle (ligeramente retranqueada), un fuste en los tres primeros pisos alzados caracterizados por el uso de miradores, y un capitel en el piso superior resuelto completamente a base de balcones.

El elemento que centra la disposición de las fachadas es el mirador curvo de triple vano situado en la esquina entre el paseo de Pamplona y la calle Ponzano. La fachada hacia el paseo constaba horizontalmente de series de cuatro balcones adintelados y un último cuerpo de miradores que servían de cierre. Por su parte, la fachada correspondiente a la calle de Ponzano constaba en origen de dos balcones individuales por planta. En la citada reforma de los años 80, la fachada de la calle Ponzano se prolongaría replicando la composición de la correspondiente al paseo y dando como resultado una composición simétrica que originalmente no tenía el inmueble.

Es muy llamativa la decoración, abundante, variada y potente, que resulta clave para conferirle monumentalidad al edificio: balaustres, guirnaldas, frontones segmentados, pilastras, pináculos…

El resultado es un edificio de indudable prestancia y un aire relativamente cosmopolita. En él se ha visto una influencia afrancesada que resulta especialmente marcada tras la incorporación de un nuevo remate en mansardas en su moderna rehabilitación, pero que no era tan manifiesta en el aspecto original del inmueble.

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