Confederación Hidrográfica del Ebro

PASCUAL BRAVO SANFELIU. 1928. PASEO DE SAGASTA, 28

Aunque las propuestas para su creación se remontan a comienzos del siglo XX, fue en 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera, cuando se crearon las Confederaciones Sindicales Hidrográficas. La primera en constituirse, en marzo de aquel mismo año fue la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro.

En un primer momento, la Confederación distribuyó sus instalaciones en siete locales diferentes que pronto se mostraron insuficientes e incómodas.

Como consecuencia, en julio de 1928 la Confederación encargó la construcción de una sede amplia y digna a Pascual Bravo Sanfeliu. El hecho llama la atención dado que Regino Borobio Ojeda ejercía la función de arquitecto de la Confederación desde finales de 1926.

El proyecto de construcción fue presentado a la aprobación del Ayuntamiento de Zaragoza en noviembre de 1928. El edificio se levantó en el número 20 del paseo de Sagasta (actual 28) y supuso el derribo de una construcción anterior.

El inmueble consta de semisótano y cinco plantas alzadas y presenta fachadas al paseo de Sagasta, la calle Gil de Jasa y a una calle interior. Esta última es la más extensa y en la que se dispone el acceso al interior.

En su conjunto se trata de un edificio muy bien compuesto, tanto en su clásico desarrollo en altura, como en la articulación de los volúmenes basada en un interesante juego de retranqueos y alternancia de tipos de vanos, así como en la combinación de materiales (piedra, ladrillo y enlucido) que supone también un tratamiento cromático entre el gris y el rojo.

El resultado es una obra muy armónica, alejada de los excesos de otras construcciones del periodo y de un uso ornamental de la historia. En su diseño se aprecia un gusto clasicista que va más a allá de lo decorativo y se centra en las proporciones, los juegos de volúmenes y en la disposición y trazo de los vanos.

La sede de la Confederación Hidrográfica del Ebro remite a otro proyecto de Pascual Bravo: el que realizó en 1925 para la Sociedad de Vías y Riegos, en el número 43 del mismo paseo de Sagasta. En ambos hay una misma evidencia del interés del arquitecto por un clasicismo modernizado que el arquitecto irá desarrollando y adaptando a lo largo de su carrera.

La Confederación Hidrográfica del Ebro constituye uno de los mejores ejemplos de la obra de Pascual Bravo en Zaragoza, antes de su traslado definitivo a Madrid, y una obra que ya puede considerarse de madurez.

No mucho tiempo después de la inauguración del edificio, comenzó a resultar evidente que la Confederación Hidrográfica del Ebro necesitaba una ampliación importante de sus instalaciones que se estimó en unos 6.000 metros cuadrados y que debía llevarse a cabo en el solar contiguo al edificio de Pascual Bravo. Como consecuencia, en 1933 se convocó el concurso de anteproyectos para la construcción de un nuevo edificio.

Este concurso, finalmente ganado por José y Regino Borobio Ojeda sería el que daría lugar al edificio racionalista de los números 24 y 26 del paseo de Sagasta. Su calidad y presencia urbana han ido, quizás, en detrimento de la atención al inmueble de Pascual Bravo que no ha sido suficientemente valorado hasta la fecha.

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