Caja de Ahorros de la Inmaculada

RAMÓN MINGUELL MINGUELL. 1981. PASEO DE LA INDEPENDENCIA, 10

La imagen de bancos y cajas de ahorro a lo largo de toda la primera mitad del siglo XX se había basado en la robustez y el lenguaje clásico de la arquitectura como formas de transmitir a sus clientes la seguridad de depositar en ellos sus bienes.

A partir de mediados de siglo, el concepto de entidad financiera cambia radicalmente. El desarrollismo que seguirá a la II Guerra Mundial y que tendrá su máxima expresión en la década de los años 60, conllevará que la idea de la virtud del ahorro sea sustituida por la de los beneficios del consumo. Bancos y cajas de ahorro se verán como instituciones para el ahorro, pero también para proveer de los fondos que sean necesarios para acceder a los medios de una sociedad cada vez más consumista.

En paralelo, la arquitectura de bancos y cajas de ahorro sustituirá su lenguaje sólido y clásico por otro más alegre, moderno y dinámico en sintonía con la nueva idea de lo que deben ser estas entidades.

En Zaragoza, un primer paso en esta dirección será el que se de en la sede central de la Caja de Ahorros de la Inmaculada de la calle de Don Jaime I proyectada por José Romero Aguirre en 1961. Por su parte, la consolidación definitiva se dará con la de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja de la plaza de Basilio Paraíso debida a Teodoro Ríos Usón en 1977.

En este proceso debe entenderse el planteamiento de Ramón Minguell Minguell en la nueva oficina central de la Caja de Ahorros de la Inmaculada situada en el paseo de la Independencia, 10. Sobre todo por la utilización del muro cortina que lleva, con su total acristalamiento, a la desmaterialización de la fachada. El edificio es ligero, pulido y amable, como corresponde a una entidad que quiere transmitir la idea de modernidad y disponibilidad a las necesidades del cliente.

El recurso del muro cortina ya había sido utilizado en el edificio Ibercaja aunque entre ambos casos existen claras diferencias. En aquel destacan los grandes volúmenes exentos sobre un amplio zócalo que ocupa toda la manzana. Aquí, el inmueble se sitúa entre medianiles. Como consecuencia, frente a los volúmenes encontramos plano y una mayor sencillez de planteamiento. Esta ubicación contrasta con lo habitual de las grandes sedes bancarias del siglo que casi siempre se ubican en esquinas privilegiadas de la trama urbana.

Un último aspecto a tener en cuenta en el edificio es, precisamente, el hecho de enclavarse en pleno paseo de la Independencia y resolverse de una manera tan radicalmente diferente a la arquitectura preexistente en el entorno. Aunque no es el único caso y, de hecho, tiene el precedente del edificio SEPU de los años 60, si que puede considerarse como el más significativo de los ejemplos de arquitectura de estilo internacional en el paseo.

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