Gran Vía, 22

MIGUEL ÁNGEL NAVARRO PÉREZ. 1929. GRAN VÍA, 22

En las décadas de los años 20 y 30 la ciudad de Zaragoza vivió un complejo proceso de expansión hacia el sur. En este proceso hay que inscribir la promoción constructiva ligada a la Sociedad Zaragozana de Urbanización y Construcción, la creación del parque de Buenavista y el cubrimiento del río Huerva. Buena parte de su cauce, el más próximo a la plaza de Basilio Paraíso, había de quedar bajo el trazado de la Gran Vía eje que, con diferentes denominaciones había de alcanzar hasta la entrada del parque. Miguel Ángel Navarro Pérez, arquitecto municipal desde 1920, fue una figura clave en estas actuaciones.

Suyo fue también el primer proyecto de edificio proyectado para la nueva arteria urbana, el ubicado en el número 22, muy próximo al edificio de las Facultades de Medicina y Ciencias. Su construcción coincide en el tiempo con la finalización de los trabajos de urbanización y apertura al público de la Gran Vía.

Se trata de un edificio de siete alturas a las que se añaden dos torreones esquineros como remate. La articulación de la fachada es compleja marcando el autor tres zonas en altura separadas por balcones corridos volados. La inferior, de dos alturas, en la que destaca el uso de arcos de medio punto en los balcones. La intermedia, con tres alturas, con un triple vano en el centro y miradores laterales. Y la superior en la que llama la atención el último piso planteado como una galería de arcos de medio punto abiertos en balcón de planta semicircular. A ambos lados miradores abiertos guarnecidos con una cubierta apoyada sobre columnas anilladas y de orden jónico. Los torreones son de una altura y se abren mediante vanos geminados con arco de medio punto. Un rafe muy volado culmina toda la composición.

A los elementos ya indicados se suman otros como la decoración en sebka, las ménsulas, los antepechos de los balcones y otros detalles que, junto al uso combinado de ladrillo a cara vista, piedra artificial y enfoscado, así como a la policromía, dan lugar a una fachada sumamente abigarrada.

El edificio constituye un excelente ejemplo de arquitectura ecléctica confirmando que Miguel Ángel Navarro es el mejor representante en la ciudad de este estilo que había de perdurar con fuerza hasta bien entrados los años 30.

En los años 40 el inmueble pasó a convertirse en sede de los servicios del Ejército del Aire en Zaragoza, función a la que se destino hasta 1990 cuando fue rehabilitado de nuevo para viviendas según proyecto de José María Moreno Tortajada y Manuel Serrano Grima.

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