Sede de la 4ª Región Aérea

LORENZO MONCLÚS RAMÍREZ. 1940. MEFISTO, 2

Como consecuencia de la reorganización estructural del Ejército del Aire tras la finalización de la guerra civil, Zaragoza se convirtió en la sede de la 4ª Región Aérea lo que implicaba la necesidad de la construcción de una sede adecuada. El inmueble tendría un programa doble: por un lado oficinas y por otro vivienda para oficiales y altos cargos. El lugar elegido fue la antigua Huerta de Santa Engracia y, en concreto, el solar con fachadas a la calle de Mefisto y a la plaza de los Sitios que durante años se pensó para levantar el edificio del Gobierno Civil. Del proyecto se ocupó Lorenzo Monclús Ramírez, en aquel momento un joven arquitecto con algunas obras ya significativas en su haber.

El momento y el programa del edificio supusieron que Monclús elaborase un primer proyecto que seguía de manera fiel los principios de la nueva arquitectura que se pretendía desde el régimen político surgido de la guerra: monumentalidad, referencias a un pasado imperial, historicismo, renuncia a los planteamientos del movimiento moderno… El resultado era un inmueble de gran fuerza visual, con una espectacular resolución en curva del chaflán (en la que no faltaban ni los órdenes gigantes, ni las águilas imperiales).

Este primer proyecto sería sustituido por un segundo diseño en el que se modificaba sustancialmente la zona del chaflán que ahora se resolvía en un frente plano, ligeramente resaltado y rematado en torreón. La consecuencia es un inmueble más contenido y sobrio, aunque menos monumental.

En altura el inmueble consta de semisótano, baja, seis alzadas y torreón, y se remata en terraza. El torreón, que se sitúa en el chaflán, potencia visualmente el ángulo del edificio. En su planta baja el arquitecto utiliza la piedra de Calatorao, mientras que el resto de las fachadas están revocadas, con despiece de hiladas en los laterales de cada una de ellas.

Los frentes a la calle de Mefisto y a la plaza de los Sitios quedan compuestos, básicamente, por el ritmo de los vanos, siempre adintelados y muy definidos gracias al guarnecido moldurado. El arquitecto diferencia los vanos de las plantas alzadas tanto por el uso del balcón corrido en la inferior, como por la cornisa y la disposición de los superiores.

Aunque en su solución definitiva el edificio gana en sobriedad, no faltan en él los elementos formales de carácter historicista, como los arcos de medio punto de la planta baja (especialmente el del acceso situado en el chaflán), las ménsulas, los arcos del torreón y los característicos pináculos del remate que le aportan un toque escurialense muy acorde con su función y época de construcción.

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