Conde de Aranda, 3

FRANCISCO ALBIÑANA CORRALÉ, 1924, CONDE DE ARANDA 3

REGINO BOROBIO OJEDA, 1928, CONDE DE ARANDA 3

La compleja historia del edificio sito en el número 3 de la calle del Conde de Aranda está vinculada a la apertura de esta calle que, a comienzos del siglo XX, recibía el nombre de calle del Portillo. La ubicación del solar, en el encuentro entre la nueva vía urbana y el Coso, lo convirtieron en emplazamiento privilegiado y muy deseable.

El primer proyecto para Conde de Aranda 3 se remonta al año 1923, cuando Luis de la Figuera elaboró un diseño por encargo de la Asociación de Labradores. Este proyecto, pese a obtener la oportuna licencia de obra por parte del Ayuntamiento, no llegó a ejecutarse.

Un año más tarde, en 1924, se presentaba un nuevo diseño debido a la mano de Francisco Albiñana Corralé. La iniciativa ahora correspondía a D. Vicente Lope. El proyecto de Albiñana llama la atención por la originalidad dentro de la producción de su autor. Es un inmueble muy a la moda francesa que se ha emparentado, por ejemplo, con la fachada del Casino de Madrid.

De cuatro plantas, las dos inferiores tenían un carácter más público, con una hermosa logia de arcos de medio punto en el principal. Esta logia concentra buena parte de los motivos historicistas de la fachada, con sus arcos de medio punto de potente clave y con columnas de inspiración jónica y marcado énfasis. Sobre los arcos, figuras femeninas y putti en relieve remarcan la inspiración clasicista.

Los dos pisos superiores, más sencillos, estaban destinados a viviendas. El remate llamaba la atención por el uso de un torreón barroquizante y una amplia balaustrada. La fachada presentaba otros elementos ornamentales historicistas, tratados con un planteamiento ecléctico, como la decoración figurada o las pilastras de orden gigante.

En 1928, se presentó un nuevo proyecto, ahora de ampliación y reforma, para el número 3 de la calle del Conde de Aranda, lo firmaba Regino Borobio Ojeda, y corresponde, en general, al edificio tal y como hoy lo observamos. El edificio se amplía tanto en altura (con dos plantas más) como en desarrollo, con lo que se añaden varios cuerpos en el lado derecho de la fachada.

Borobio respeta algunos aspectos del diseño de Albiñana, a la vez que introduce una serie de cambios significativos. Así se explica que aún sean claras las huellas de la intervención de Albiñana, pero el carácter del edificio sea más moderno en sus líneas generales.

Del edificio de Francisco Albiñana se respetó la decoración de las dos plantas inferiores y muy en particular la airosa y original logia de arcos de medio punto. También el uso de la decoración figurada o el empleo de las pilastras de orden gigante. Incluso la traza general del cuerpo central.

Sin embargo, Borobio, al ampliar el edificio, coloca un según torreón en la zona derecha de la fachada y esto hace que el diseño general resulte más equilibrado. El aumento de dos plantas en altura también hacen ganar al inmueble en armonía de proporciones. Un último elemento de cambio, pero no por ello menos importante, es la modificación del diseño de los torreones que resultan menos llamativos, pero resultan más integrados en el diseño general de la fachada.

El resultado es un edificio muy característico del gusto dominante entre las clases más acomodadas, con un cierto toque cosmopolita que no es frecuente en la arquitectura del primer tercio del siglo en la ciudad de Zaragoza.

 

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