Paseo de Ruiseñores / Porvenir

MIGUEL ÁNGEL NAVARRO PÉREZ. 1915. PASEO DE RUISEÑORES / PORVENIR

La práctica desaparición del conjunto de villas y hoteles construidos en el paseo de Ruiseñores y su entorno en las primeras décadas del siglo XX, así como la escasez documental de esta zona particular, han hecho que aquellas construcciones hayan pasado relativamente desaparecidas en el estudio de la arquitectura zaragozana del periodo.

Sin embargo, constituyeron en su momento un animado y alegre conjunto de viviendas unifamiliares caracterizado por su gran heterogeneidad formal, siempre proclive a decantarse por las propuestas arquitectónicas más avanzadas y a la moda del momento.

La evolución de los edificios construidos en la zona fue muy rápida según iba resultando un espacio cada vez más atractivo para las familias burguesas de la época.

En 1915, año en el que Miguel Ángel Navarro (un arquitecto que  aparece repetidamente vinculado a las construcciones del entorno del paseo de Ruiseñores, en el que él mismo poseía una vivienda) realiza el proyecto para la casa de Fernando Taberner, aún no se ha llegado al momento de máximo apogeo de la arquitectura del lugar, aunque ya se apuntan algunas de las características que la distinguirán.

La casa se situaba al fondo de un espacio ajardinado con la verja principal hacia el paseo de Ruiseñores y con extenso lateral en la calle del Porvenir.

Se trataba de una vivienda unifamiliar de dos alturas. Su distribución interior era bastante sencilla. En la planta baja, la puerta de acceso daba paso a un vestíbulo. A su derecha quedaba la cocina y a la izquierda el comedor y un cuarto. De frente se situaba la escalera y un pequeño servicio. En la planta superior se disponían tres habitaciones o gabinetes abiertos a un pequeño pasillo de distribución.

Lo más interesante era el exterior, en el que Miguel Ángel Navarro apuesta por una decoración de gusto lineal a base de resaltes que enmarcan los vanos, de arcos rebajados. En la zona izquierda, la solución era mediante un mirador rematado a modo de frontón curvo. Es este uso de los trazos curvos lo que anima el conjunto en sintonía con otros trabajos del arquitecto de aquellos años en los que el Modernismo comenzaba a estar completamente superado y se buscaban nuevas propuestas formales.

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