Iglesia parroquial de San Braulio

MANUEL MARTÍNEZ DE UBAGO CHANGO. 1964. CORONA DE ARAGÓN, 37

Desde comienzos de la década de los 40 venía funcionando en un local de la calle de López Allué la parroquia de San Braulio dependiente de la de Santiago el Mayor. Como consecuencia del crecimiento urbano de los primeros años 60, se reorganizó la distribución de las parroquias zaragozanas y se planteó la necesidad de construcción de un templo adecuado a las nuevas necesidades demográficas.

Esta necesidad coincidió en el tiempo con el proceso de renovación de la arquitectura religiosa católica. Se buscaba que las nuevas construcciones huyeran de la monumentalidad desproporcionada y de los lenguajes históricos. Se quería una arquitectura más sencilla en consonancia con una religiosidad que se quería más sincera. Los arquitectos debían tener como prioridad la creación de un ambiente que preparase al fiel para el recogimiento y la oración. En este sentido, la luz de los templos y la unidad espacial adquirieron un nuevo valor.

En este contexto hay que entender la iglesia parroquial de San Braulio que Manuel Martínez de Ubago Chango proyecta en 1964 y que se abriría al culto un año más tarde.

Es un edificio sencillo, sin referencias historicistas e integrado con naturalidad en el entorno urbano, aspecto este al que se comenzó a prestar especial atención como manifestación del deseo de una Iglesia más próxima a la vida cotidiana de los fieles.

Casi enteramente construido en ladrillo, los únicos elementos ornamentales del exterior son las puertas de acceso (en arco en el proyecto pero finalmente resueltas adinteladas), la vidriera del tímpano y la escueta cruz. Inicialmente estaba prevista la construcción de una torre de planta cuadrada en la esquina entre las calles de Corona de Aragón y Pilar Bayona. Finalmente sólo se ejecutó su base.

En el interior se reitera la sobriedad. Los elementos superfluos se eliminan en favor de un ambiente propicio al recogimiento y con el altar mayor como único centro de atención. La luz (incluido el uso de las vidrieras) ayuda a crear el clima deseado.

Es interesante el uso del hormigón tanto en los pilares, absolutamente desornamentados, como en la bóveda rebajada de armonioso trazo.

(Fotografías: Gerardo Sancho Ramo, Ayuntamiento de Zaragoza y El álbum de fotos de Beatriz)

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