Colegio de los Hermanos Maristas

FÉLIX ORTIZ IRIBAS. 1943. SAN VICENTE DE PAÚL, 13-15

La apertura de la calle de la Yedra vino a suponer la oportunidad para la construcción de un nuevo colegio de los Hermanos Maristas que ya venía funcionando en el mismo solar desde 1905. El encargado del proyecto fue el arquitecto de origen navarro Félix Ortiz Iribas en el año 1943.

El edificio diseñado por Félix Ortiz es uno de los más interesantes de la calle San Vicente de Paúl dada la ambición con que se plantea la construcción y su gran riqueza formal. Su fachada principal, con diferencia la de mayor desarrollo, se vuelca a San Vicente de Paúl, mientras que las laterales corresponden a las calles de San Jorge y San Lorenzo.

Aunque su función básica era la de colegio, el inmueble tenía un programa doble puesto que la planta baja estaba destinada originalmente a locales comerciales.

En altura consta de cuatro plantas: baja y tres alzadas de las que la última se trata como ático dando como resultado una disposición tripartita. Las fachadas se resuelven en ladrillo a cara vista con la planta baja y algunos elementos ornamentales en piedra.

La fachada principal se caracteriza por una rígida simetría, con la portada de acceso al edificio (de mayor altura al igual que los torreones de los chaflanes) como eje de la composición. Esta portada es uno de los elementos más llamativos del conjunto gracias al uso de elementos decorativos historicistas. Entre estos están las pilastras fajadas de inspiración manierista en las jambas de la puerta, el entablamento, y la hornacina con volutas y rematada por un frontón curvo y abierto. En el ático el autor dispone una triple arquería de bíforas de medio punto con decoración de ladrillo en esquinilla en las enjutas.

Esta disposición general, aunque muy simplificada, es la que se utiliza también en los torreones de los chaflanes. Entre portada y torreones, la fachada queda compuesta gracias al ritmo de las ventanas entre las que se disponen en altura pilastras de orden gigante. El ático no sigue el habitual modelo local de galerías de arquillos sino que se conforma mediante galerías adinteladas con pilares pareados. Todo el inmueble se remata mediante un alero generosamente volado.

En el interior, los elementos más interesantes eran la monumental escalera principal y la iglesia. En este caso el autor también utiliza un lenguaje historicista, ahora de inspiración más puramente renacentista. Era de una sola nave, con bóveda rebajada y acasetonada. Los muros laterales se decoraban mediante arcos de medio punto ciegos separados por pilastras pareadas.

Tras el traslado del colegio de los Hermanos Maristas a su actual ubicación, la Diputación General de Aragón adquirió el inmueble, ampliándolo y rehabilitándolo en la década de los años 90.

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