Escuelas Pías

MIGUEL ÁNGEL NAVARRO. 1916. CONDE DE ARANDA, 2

La arquitectura escolar de Miguel Ángel Navarro merece una especial atención tanto por su relativa abundancia como, sobre todo, por la gran ambición que caracteriza a sus proyectos. Muy próximos en el tiempo son los de las Madres Escolapias en la plaza de Salamero (1915) y este de los Padres Escolapios de la calle Conde de Aranda realizado entre 1916 y 1918.

No se trata de una construcción de nueva planta sino de una amplia y profunda remodelación del edificio. Así, Navarro no se limita a la fachada sino que también interviene en las dependencias interiores a fin de dotarlas de una comodidad y funcionalidad que no tenían en el viejo caserón preexistente.

Exteriormente, Navarro plantea una fachada con el arco de medio punto y el ladrillo como principales características. La galería de la planta superior recuerda, con evidentes distancias, a las de los palacios renacentistas zaragozanos. En este sentido, Miguel Ángel Navarro es fiel a su gusto por las formas de origen histórico suficientemente reinterpretadas como para darles un aire nuevo y moderno. Especialmente plástica resulta la solución de la esquina entre las calles Conde de Aranda y Escuelas Pías, trazada en suave curva y que enlaza visualmente ambas fachadas.

El mayor despliegue ornamental de la fachada lo concentra Miguel Ángel Navarro en la puerta de acceso al internado, en la calle Conde de Aranda, en el que resuelve la cierta monotonía del conjunto mediante un juego de volúmenes más animado, una portada en arco de medio punto más compleja (incluido el balcón superior) y los dos torreoncillos del remate que desaparecerían en una reforma posterior.

Interiormente se enfrenta a un programa de gran complejidad: aulas, oratorio, salón de actos, comedores, museo, dormitorios para los internos, etc. A todo ello quiere darle importancia volcándose en unos casos más hacia lo práctico, como ocurre en las aulas, y dejando las soluciones más ornamentales a las estancias más públicas. Muy interesante resulta también en el interior el patio ovalado que constituye uno de los núcleos en torno a los que había de girar parte de la vida del colegio.

En los años siguientes Miguel Ángel Navarro tendrá oportunidad de desarrollar y aún perfeccionar su concepto de arquitectura escolar en otros dos grandes proyectos: el Colegio Joaquín Costa (1923) de titularidad pública sin que por ello se pierda la ambición de planteamiento (aunque si de programa) y el colegio de los Padres Agustinos (1930) en el Camino de las Torres.

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